De pequeños nos enseñaron que si trabajábamos mucho, ganaríamos mucho dinero. Si no trabajábamos, seríamos pobres. Vimos en televisión héroes que salvaban el mundo. Uno luego crece, estudia porque le dicen que estudiar es bueno. Va a la escuela, donde le enseñan lo que le tienen que enseñar, pero no el porqué. Eliminan la curiosidad. No cuestionemos lo establecido. En definitiva, no aprendas de verdad lo importante. Clasifiquemos a los alumnos en función de sus notas para saber cuál es más apto, y cuáles son sus habilidades.
Clasificamos en función de parámetros que sólo responden al espacio que ya ha sido elegido para ti en esta sociedad, en tu trabajo. Trabajo que ahora sólo te da para malvivir, y que muchas veces ni siquiera has elegido, sino que te ha venido dado, y cómo tal debes aceptarlo, sin rechistar. Como mucho, mostrarte feliz porque tienes un trabajo.

Hemos llegado a un mundo en el que el triunfo se ha asimilado a la pérdida de valores esenciales de la humanidad, como la solidaridad y el apoyo mutuo. Es más, todo aquello que no fomente la competitividad, el egoísmo y la avaricia es presentado como disfuncional, según los parámetros de los mercados. Una ideología inmoral que se ve reforzada por la hegemonía cultural de los grandes medios de comunicación, auténticos instrumentos para crear el consenso necesario alrededor de este sistema injusto e insolidario.
Ahora que sabemos que para estar arriba, tenemos que renunciar a nuestros valores, ¿qué pasa si no queremos? Ahora que existe Internet, que se escapa al control de muchos, ¿qué pasa si nos informamos? Ahora hay una multitud que comienza a pensar. Habéis creado una juventud que se ha esforzado por alcanzar sus sueños, le habéis dibujando un mundo que sabíais que no era real y ahora quiere crearlo. Y lo peor para vosotros, está formada para ello. En las calles protestan ingenieros, médicos, arquitectos, filósofos, etc. También se reúnen, hablan y discuten alternativas.
Es por ello, que nosotros, mujeres y hombres, habitantes de este planeta, hemos decidido libre y fraternalmente hacer oír nuestra voz este 12 de Mayo en todo el mundo, para denunciar el estado actual de nuestro planeta, y exigir la aplicación de otras políticas distintas, destinadas al fomento y promoción del bien común.
Denunciamos que la actual distribución de los recursos económicos es tal que sólo una minoría muy exigua escapa de la pobreza o la precariedad. Las generaciones futuras están condenadas a recibir una herencia envenenada debido a los riesgos medioambientales provocados por muy pocos para su beneficio. Los sistemas políticos democráticos, allí dónde los hay, han sido vaciados de sentido casi en su totalidad, poniéndolos al servicio de los mismos que sólo están interesados en aumentar el beneficio para sus corporaciones o instituciones financieras, sin importar el destino del planeta o de sus habitantes.
También denunciamos que la actual crisis no es un accidente natural. Ha sido provocada por la avaricia de los mismos que han llevado al mundo hasta esta situación. Con la ayuda de una ciencia económica que ha perdido su sentido original de gestión del bien común, para convertirse en ideología al servicio del poder financiero, pretenden imponer medidas que asfixian aún más a miles de millones de personas, sin pedirles permiso, tan sólo argumentando que no hay otra solución posible. Dicen que debemos dejar nuestro futuro en manos de los mismos expertos que lo están destruyendo.
Pero también, aquí y ahora, hemos vuelto. Hemos despertado y ya no sólo para quejarnos. Ahora apuntamos a los verdaderos causantes de la crisis, a sus políticas y a sus mentiras disfrazadas de vacía retórica. Y proponemos alternativas a sus políticas, que permitan remediar la actual situación y avanzar hacia un mundo más democrático, dónde reinen los valores de la libertad, la igualdad, y la fraternidad, el viejo sueño de nuestros antepasados cuando se levantaron contra la opresión en el pasado por todo el planeta. Un mundo donde cada hombre o mujer tenga garantizado el derecho a la libre búsqueda de la felicidad, personal y comunitaria.
Por todo esto, por todo lo que esta primavera global representa; nos veremos el 12 de mayo. Porque no queremos dejar de ser personas. No somos números, somos hombres y mujeres libres.